Otro martes de hace seis años

S. empezaba a cortarme el pelo mientras por el espejo veía la preciosa sonrisa de M. Fue entonces cuando nos comunicó que acababa de producirse un atentado. -¿De ETA? pregunté ingenuamente -No, no, de los moros estos, cabrones.

Braceábamos, no sin cierto gusto, entre el paro y alguno de los primeros trabajillos temporales. Precisamente para liquidar cuentas de uno de ellos, el rodaje de un modesto videoclip musical en el que hacía de chico para todo, había quedado esa tarde de martes en una oficina de Augusto Figueroa, aunque todavía nos daba tiempo para pasear y tomar algo cuando con mi pelo recién cortado y tras despedirnos de S. nos plantamos en plena Gran Vía.

La primera parada, prevista antes de la noticia, era Madrid Rock, donde yo quería encontrar el último disco de los Babylon Chat que, a la postre, ha sido verdaderamente el último. Cuántas veces me habré reprochado, en silencio, haber preguntado por un compacto mientras decenas de personas miraban ensimismadas las primeras imágenes de la tragedia a través de las pantallas del extinto templo melómano de la capital. Nada comparable, en cualquier caso, con alguna de las cosas que tendría que ver y oír en las horas siguientes.

A punto de cruzar hacia Hortaleza nos encontramos con J., un amigo de los de entonces, junto a un compañero de su trabajo en un librería cercana. Ambos aprovechaban la pequeña pausa de la comida para ir a ver las imágenes, seguramente en el Madrid Rock que acabábamos de abandonar. Y J., al que estimaba y estimo pese al lustro que hace que no sé de él, no podía ocultar un rictus de satisfacción en la cara, que adornó con algún comentario. Creo que fue entonces cuando le comenté a M. que ésa iba a ser una reacción muy habitual entre nuestros compatriotas, de todas edades y condiciones, ante la histórica masacre que se acababa de perpetrar. “Ya estás exagerando”, me decía, como tantas otras veces, con voz risueña.

Tras el café, M. me acompañó hasta el cruce con Augusto Figueroa, donde nos despedimos hasta el día siguiente. Mientras ella caminaba hacia el Chamberí de su alma, yo llegaba al modesto piso que acogía una no menos modesta, aunque pretenciosa, empresa familiar. El jefe estaba en Barcelona terminando el trabajo, así que me abrió su hermana, la encantadora CH., peguntándome con agitación si estaba al tanto. Luego me comentó que su madre estaba en EEUU, creo recordar que en LA, y que, ya sabes, los americanos, con lo histéricos que son. También estaba entonces, me parece, MN., aunque su presencia casi nunca se hacía notar en demasía. Todo lo contrario que la de L., que con su arrollo porteño puso el punto culminante del entusiasmo, carente ya del más mínimo matiz. De la borrachera sólo puedo distinguir la voz de SY., la mujer del jefe y única persona de nacionalidad americana que compartía con nosotros esos momentos.

No rescato del recuerdo turbio la abarrotada plaza de Chueca, en la que aún pudimos hacernos con una mesa para tomar la última cerveza, y eso que todavía ignoraba el poema de Pla en el que glosa el radiante sol del día en que murió una mujer a la que amó. Al fin y al cabo, escenas similares pudieron verse los días posteriores al 11-M y creo que fue, sí, una gran reacción de civismo.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo No te cortes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s